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HISTORIAS QUE NACEN LEJOS Y ENCUENTRAN SU LUGAR

Huecuenses: un equipo de vóley que mantiene vivo el vínculo con El Huecú

Un grupo nacido en Neuquén Capital reúne a jóvenes de El Huecú y de distintos puntos de la región alrededor del vóley, la amistad y el sentido de pertenencia.

El equipo Huecuenses de vóley
Huecuenses, el equipo de vóley que mantiene vivo el vínculo con El Huecú.

Neuquén, 7 de septiembre de 2026.-

Hay lugares que uno deja porque la vida obliga a partir. Se va para estudiar, para trabajar, para buscar una oportunidad. Se hace una valija, se saluda a la familia y comienza otra etapa. Pero hay pueblos que, aunque queden atrás en el camino, siguen acompañando.

Para un grupo de jóvenes de El Huecú, Neuquén Capital se convirtió en ese nuevo lugar. Allí estudiaron, trabajaron, hicieron amigos y fueron armando sus vidas. Y allí también encontraron una manera de no perder el vínculo con el pueblo: una pelota de vóley.

Hace seis años nació Huecuenses.

La historia comenzó cuando varios jóvenes que habían pasado por las escuelas formativas de Rigoberto Matus y Poyito Erice coincidieron lejos de El Huecú y decidieron volver a encontrarse alrededor del deporte.

Huecuense salió hace 6 años cuando empezamos una liga en San Patricio del Chañar”, recuerda Luciano Guajardo.

Pero detrás de aquella primera experiencia había una preocupación mucho más profunda.

Empezamos a ver que venían chicos a estudiar, chicos a buscar trabajo y para que no volvieran para el pueblo nuevamente, lo hicimos como una contención para que no se volvieran”.

La palabra aparece en el relato de Luciano y ayuda a entender el verdadero origen de Huecuenses: contención.

No se trataba solamente de armar un equipo. Se trataba de que quienes llegaban a la capital encontraran un lugar donde sentirse acompañados.

Una cancha para no sentirse tan lejos

Al principio fueron, principalmente, jóvenes del pueblo. Después empezaron a llegar otros.

El Cholar, Picún, Las Lajas, Vista Alegre, Santa Cruz, Santiago del Estero, Chaco, Junín de los Andes y distintos puntos de Neuquén fueron sumando nombres a una historia que dejó de tener una sola procedencia.

El equipo creció.

Pero también creció el grupo.

Luciano lo recuerda con una frase que explica mejor que cualquier resultado qué terminó siendo Huecuenses:

No un equipo solo, sino un grupo, un grupo humano hermoso”.

Y ese grupo no se construyó únicamente durante los entrenamientos.

Se construyó también después de los partidos, en los viajes, en las conversaciones y alrededor de una mesa.

Nos juntábamos a comer asado todos los fines de semana”.

Ahí, entre una pelota y un asado, entre un torneo y otro, fueron apareciendo los vínculos que hicieron que el equipo pudiera sostenerse con el paso del tiempo.

Huecuenses en actividad durante una jornada de vóley

La historia también se juega lejos de casa

Después llegaron las competencias.

Huecuenses jugó en la Liga Confluencia, donde llegó a una final de Copa de Plata y anteriormente logró quedarse con ese título. También compitió en Allen y recorrió diferentes localidades de Río Negro y Neuquén.

San Martín de los Andes, Roca, Huergo, El Manzano, Chos Malal, El Huecú y Taquimilán forman parte de ese recorrido.

En el norte neuquino, incluso, participó de una liga que se disputaba en distintas localidades cada mes.

Cada torneo significaba volver a armar el bolso.

Y también volver a hacer cuentas.

Porque el equipo se sostiene con el esfuerzo de sus propios integrantes. Pagan sus viajes, compran lo que necesitan y organizan rifas cuando hace falta.

Hay personas que acompañan desde distintos lugares. Luciano menciona a quienes colaboran desde Caviahue, Junín de los Andes, Los Andes, Loncopué y El Cholar.

Cuando hacemos rifas siempre nos colaboran”, cuenta.

Con ese dinero compran camisetas, pelotas y otros elementos necesarios para continuar.

Además de esos apoyos, Luciano recuerda especialmente a Súper del Alto, que donó el primer juego de camisetas que tuvo el equipo. También recuerda el aporte de una casa de Durlos de Neuquén, cuyos integrantes son amigos de Víctor.

En Huecuenses, entonces, cada viaje tiene una parte deportiva y otra colectiva: todos tienen que poner algo para que el equipo pueda estar en la cancha.

El grupo Huecuenses durante otra jornada de vóley

Villa Regina y una victoria que ya mira hacia adelante

Este septiembre, Huecuenses viajó a Villa Regina para disputar un torneo de vóley.

Terminó primero.

El premio fue de 400 mil pesos, pero la celebración no terminó con la victoria. El dinero ya tiene destino: servirá para inscribirse en un próximo torneo en Centenario.

También llegó una nueva invitación para regresar a Villa Regina el 20 de septiembre.

Así funciona la historia de Huecuenses: un torneo termina y otro empieza a aparecer en el horizonte.

La victoria no es solamente una copa.

Es la posibilidad de seguir viajando.

De seguir jugando.

De seguir encontrándose.

Un video que guarda parte de esa historia

La cancha también conserva momentos que no entran en una tabla de posiciones: los encuentros, los viajes, las camisetas y esa manera de estar juntos que terminó convirtiendo al vóley en mucho más que una competencia.

El regreso de Luciano

Dentro de esa historia colectiva hay también una historia personal.

Luciano había dejado de jugar al vóley. Volvió a acercarse a una cancha a los 33, de la mano de Gena, quien lo llevó nuevamente a encontrarse con el deporte.

Pero el regreso ocurrió en un momento difícil de su vida.

Luciano atravesó problemas de salud y fue Gena quien lo llevó nuevamente a las canchas.

Yo había dejado de jugar al vóley”.

Después de tantos años, volver no fue sencillo.

Entonces, volver a los 33 años, jugar al vóley. Era mucho, mucho tiempo había dejado”.

Compraron una venda en una farmacia del pueblo y se fueron a unas canchitas junto al río. Allí volvieron a probar.

Desde ese momento comenzaron también a buscar a otros jóvenes del pueblo que estaban viviendo en Neuquén.

Después vendrían los entrenamientos en el Parque Central y la oportunidad que le dio el entrenador Roberto Muñoz para seguir entrenando.

Y el grupo empezó a tomar forma.

Una postal de Huecuenses durante una temporada anterior

Una cancha que se convirtió en refugio

La relación de Luciano con el vóley tomó todavía más fuerza durante los años siguientes.

El deporte se convirtió en una parte importante de su vida y en un espacio de encuentro en momentos difíciles.

La historia personal quedó así ligada a la historia del equipo.

El vóley era una actividad que había abandonado durante muchos años y que volvió a encontrar cuando más necesitaba recuperar un lugar propio.

Esta vez no estaba solo.

Estaba Huecuenses.

El rompecabezas

Luciano utiliza una imagen precisa para hablar de los años que siguieron.

Un rompecabezas.

Piezas que llegan, piezas que se mueven, algunas que permanecen y otras que, por distintos motivos, tienen que alejarse.

De los primeros integrantes, hoy continúan Víctor Formigo, Genaro Guajardo, Luciano Guajardo y Lucio Rivera.

Hay quienes dejaron de participar por cuestiones laborales o por sus estudios.

Pero la historia no termina ahí.

Porque los que se van pueden regresar.

A veces se desaparecen un tiempito y vuelven”, cuenta Luciano.

El grupo fue cambiando con los años, pero algunas cosas permanecieron.

Huecuenses, compañeros y amigos dentro y fuera de la cancha

Los nombres que siguen escribiendo la historia

Con el tiempo fueron llegando más jóvenes.

Desde Las Lajas.

Desde Vista Alegre.

Desde Picún.

Desde Santa Cruz.

Desde Santiago del Estero.

Desde Chaco.

Desde Junín de los Andes.

Y cuando aparecen los chicos de El Huecú, también aparecen nombres que mantienen viva esa conexión: Ariel Maripil, Leo Galván, sobrino de Luciano, Andy Concha y Leo Concha, además de Tomy Huani y Jhony Muñoz, quien fue un pilar fundamental en los inicios del equipo.

No hace falta que estén todos cada fin de semana.

No hace falta que todos jueguen todos los torneos.

Algunos pueden alejarse durante un tiempo y después regresar.

El equipo continúa siendo ese espacio donde volver a encontrarse.

El pueblo que viaja con ellos

El Huecú está lejos de Neuquén Capital.

Pero en Huecuenses nunca terminó de quedar atrás.

Está en el nombre.

Está en quienes comenzaron.

Está en quienes colaboran.

Está en las historias que se cuentan después de los partidos.

Está en quienes vuelven.

Y está también en aquellos jóvenes que encontraron en la capital una nueva vida sin tener que renunciar a la anterior.

Porque el equipo se formó en Neuquén Capital, pero una parte de El Huecú viaja con ellos cada vez que salen a jugar.

El vóley como punto de encuentro para Huecuenses

Volver al cable tierra

Quizás por eso Luciano no habla de Huecuenses solamente como un equipo.

Habla de un grupo humano.

De amigos.

De personas que se fueron encontrando lejos de sus casas y que, con el tiempo, construyeron un espacio propio alrededor de una cancha.

Algunos se alejaron. Otros llegaron. Algunos volvieron después de un tiempo.

Y el rompecabezas siguió armándose.

A veces se desaparecen un tiempito y vuelven”, cuenta Luciano.

Después lo resume en una frase:

Es como que, bueno, ahí vuelven a su cable tierra”.

Quizás Huecuenses sea justamente eso.

Un equipo de vóley, sí. Pero también un lugar de regreso. Una forma de recordar de dónde vienen y de mantener cerca aquello que quedó lejos.

El Huecú está en el nombre.

Neuquén está en la cancha.

Y entre los dos lugares hay una pelota que sigue viajando.

Porque hay pueblos de los que uno se va para poder crecer.

Y hay otros que, aunque uno se vaya, nunca dejan de acompañarlo.

Este informe de AIRES NUEVOS NQN se realiza bajo la garantía constitucional de libertad de expresión y prensa (Art. 14 de la Constitución Nacional y Ley 26.032).

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